Sin pensarlo, el amor llegó al corazón de Roxana el año 2004 cuando un antiguo amigo del colegio, le presentó a quien sería más adelante su amado esposo: Eduardo. Y, a partir de allí, largas conversaciones telefónicas diarias y a casi todas horas comenzaron a unirlos intensamente, naciendo entre ellos una relación que si bien era a distancia (ya que ambos vivían lejos el uno del otro) no impidió que el fuego del amor crezca, compartiendo luego salidas llenas de romance y anecdóticas, como la vez que quedaron varados en pleno desierto de Ica durante una visita a la familia de Eduardo
Y fue precisamente ese inmenso y sincero amor, así como lo difícil que resultaba para ambos permanecer separados lo que los impulsó a desear casarse, empezando a organizarlo todo con un año de anticipación y eligiendo como fecha de boda la misma que la de los padres de Roxana. Así, gracias a la inigualable ayuda de Somos novios y su foro lleno de consejos y amistades sinceras, el enlace llegó a concretarse y convertirse, en un sueño hecho realidad para ambos.
“Eduardo es una persona maravillosa, buena, amorosa y comprensiva. Ha estado a mi lado en los momentos más felices y difíciles de mi vida” nos dice Roxana mientras mira con ojos llenos de felicidad a su flamante esposo. “Estar casados es lo máximo. Somos muy felices y nos parece vivir un sueño. Nos gusta hacer casi todo en pareja, ayudándonos mutuamente. La verdad soy muy feliz a su lado. Si en mis manos estuviera, le regalaría sólo momentos felices y no permitiría que nada le haga sufrir ni lo lastime jamás”.
Sumamente enamorado y tomándola de la mano, él también afirma sus sentimientos hacia su linda esposa con estas palabras: “cada día que pasa me enamoro más de ti y no tengo palabras para agradecerle a Dios por haberte puesto en mi camino para amarte toda la vida”. Roxana lo mira mientras le susurra: “Estoy muy agradecida con Dios por permitir que nos conociéramos, nos enamoráramos y nos amemos tanto. Te amo y te amaré siempre, bebito precioso”.
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